Fuente: BBC
En la Nicaragua de hoy existe un debate profundo sobre la necesidad de nuevas formas de hacer política. La importancia de construir una nueva ética política adquiere una mayor relevancia ante la debacle nacional provocada por el Gobierno Ortega Murillo. Sin embargo, se tiende a moralizar de sobremanera la cultura política actual. Hoy aportamos a ese debate.
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El debate sobre la relación entre política y moral se caracteriza por ser un tema viejo y siempre nuevo (Bobbio, 2005). Respecto a ese tema algunos sugieren que la política y la moral son dos campos diferentes.  Por tanto, se ha sostenido que “los Estados no se gobierna por el pater noster” (Bobbio, 2005), así la moral en la política adquiere un carácter especial que se desvincula de los códigos que se aplican en la valoración de la conducta humana cotidiana.

De manera que, hay dos explicaciones al respecto, la primera se basa en la regla de la excepción y la segunda en las dos éticas (Bobbio, 2005). La regla de la excepción parte del reconocimiento de los códigos morales y la ética, pero propone que hay casos en los que existen excepciones en las que no son aplicables. Esto se explica de la siguiente manera:

Las reglas morales, sean que estén basadas en una revelación divina, como los diez mandamientos y los preceptos evangélicos, sea que se apoyen en argumentos racionales o históricos, ciertamente son universales en cuanto valen para todos los tiempos y hombres; pero no son absolutos en el sentido de que no valen para todos los casos, admiten excepciones y, en consecuencia, en casos determinados y determinables pueden admitir una derogación.

(Bobbio, 2005)

La cita nos da a conocer que no existen dos morales, sino una sola que se aplica de forma universal, pero que admite excepciones y derogaciones para casos particulares. ¿Cuáles son los casos? Son el Estado de necesidad y, en la política institucional es el Estado de excepción. El Estado de la necesidad consiste en:

La condición en la que un sujeto es el individuo que actúa en razón de sus intereses particulares, sea el hombre político que lo hace en nombre y por cuenta de una colectividad, no puede dejar de hacer lo que hace, esto es, no tiene alternativa (Bobbio, 2005).

El Estado de la necesidad sitúa al sujeto en una situación en la que no es libre de actuar para tomar sus propias decisiones y cumplir con los preceptos morales, como lo sería en una situación común. Por lo tanto, el caso admite una excepción a la regla. En cuanto al Estado de excepción, el caso es similar, solo que este aplica en asuntos políticos y de estados. Las normas y las leyes que obligan al político en sus funcionales en una situación límite admiten derogación.

La segunda explicación acerca de la relación entre política y moral se fundamente en la existencia de dos éticas. Estas son, “la ética de la convicción y la ética de responsabilidad”. Ambas éticas suponen dos tipos de sujetos. 

Quien se conduce movido por la primera, estima que su deber consiste en respetar algunos principios de conductas planteados como absolutamente válidos, con independencia que de ellos puede derivarse. Quien se comporta según la segunda, considera haber cumplido su deber si logra obtener el resultado que se proponía (Bobbio, 2005).

El primer sujeto está pensando la observancia del precepto sin importar el éxito o el fracaso. El segundo, antepone el éxito al precepto, puesto que lo importante es el excito de los resultados. En el caso del hombre de Estado, lo importante es cumplir lo que su posición le exige (Bobbio, 2005). El primer sujeto se guía por una virtud clásica y el segundo por una virtud maquiavélica, es decir, una política exitosa que se monta sobre cualquier medio y condición. La ética de las convicciones se utiliza para juzgar acciones individuales y la ética de la responsabilidad para juzgar acciones de grupos, en todo caso, decisiones que afectan al grupo (Bobbio, 2005). De manera que estamos frente a dos éticas con dos tipos de sujetos que conducen sus acciones y decisiones.

Por un lado, el hombre de fe, el profeta, el pedagogo, el sabio que mira a la ciudad celeste; por otro lado, el hombre de Estado, el caudillo de hombres, el creador de la ciudad terrena. Lo que cuenta para el primero es la pureza de las intenciones y la coherencia entre acción e intención, para el secundo la certeza y fecundidad de los resultados (Bobbio, 2005).

¿La política es sucia y corrupta? hablar de la política como algo malo orienta la discusión al deber ser de la política, es decir a lo prescriptivo (Bobbio, 2005,). Desvía la atención que debería estar en los sujetos y sus prácticas, si se va juzgar a partir de lo malo y lo bueno desde una postura ética esta debería partir de los hacedores de la política.  En ese caso, “toda la historia de la filosofía política rebosa de definiciones descriptivas” (Bobbio, 2005), a saber, no sobrepone lo prescriptivo a lo descriptivo, no se parte de los preceptos morales, sino de la descripción de la política en todo su sentido (Bobbio, 2005).

¿De dónde proviene la contraposición entre moral y política y la acepción de la política como un mundo corrupto y sucio? Una posible respuesta es que “el cristianismos ha dado lugar a la contraposición del poder espiritual y poder temporal” (Bobbio, 2005). La política es mundana y como tal, parte del mundo material. El hombre de Dios busca la pureza, la santificación en el poder espiritual.

Podemos acotar que es un pensamiento que no corresponde a todo el cristianismo, pero ciertamente, hay indicios de ese tipo de tendencia entre el puritanismo protestante y algunas corrientes católicas (monacato). De estas ideas antiguas pasamos a la separación de la política y el mundo social, pues se trata de “reducir la política a todo aquello que se relaciona directa o indirectamente a la organización del poder coactivo” (Bobbio, 2005).

En ningún campo se ha encontrado una solución definitiva a la relación entre política y moral (Bobbio, 2005). Es un debate histórico que sigue presente hasta nuestros días. Un autor contemporáneo nicaragüense que analiza la relación entre ética y política propone algo interesante. En palabras de Andrés Pérez Baltodano (2009):

Una ética transformadora es una posición normativa frente a la vida, la historia y la sociedad, que empuja a los individuos y las organizaciones políticas a luchar para cambiar la realidad existente. Es, en otras palabras, una visión del deber ser, que les permite a los individuos y las organizaciones políticas evaluar la moralidad dominante de una sociedad, así como sus expresiones institucionales (p.2).

Andrés Pérez Baltodano (2009)

El politólogo plantea que el cambio de la política nicaragüenses debe atravesar necesariamente por la fundación de una nueva ética, es decir una ética transformadora que subvierta la ética dominante (Pérez, 2009, p.4). Pérez no tiene problemas para relacionar la ética y la política, además, entiende que ética y política se pueden conjugar. Pensamos que esta propuesta está claramente establecida en las siguientes líneas:

Una ética transformadora es una posición normativa frente a la vida, la historia y la sociedad, que empuja a los individuos y las organizaciones políticas a luchar para cambiar la realidad existente. Es, en otras palabras, una visión del deber ser, que les permite a los individuos y las organizaciones políticas evaluar la moralidad dominante de una sociedad, así como sus expresiones institucionales.

(Pérez, 2009, p.2).

La creación de una nueva sociedad pasa por mezclar lo normativo y lo explicativo en la política, Pérez también reconoce que las instituciones tienen una función socializadora para intervenir en la legitimación de la ética hegemónica o para cambiarla. Por tanto, el cambio no consiste en una acción voluntarista del actor, busca también el cambio institucional y que estas trabajen a fin producir algo nuevo. La nueva ética conduce una nueva forma de ser y actuar, es decir una nueva moral. Con esta propuesta, la contradicción insalvable entre ética y política encuentra puntos de unión.

Actualmente, este debate tiene mucha fuerza en algunas agrupaciones azul y blanco, plantean que la política tradicional se está imponiendo en Nicaragua, esta es una política sucia, corrupta y caudillista. Teniendo claro lo que hemos expuesto, la afirmación de quienes se guían por la la ética de las convicciones es imprecisa porque la política no es buena ni es mala, son las acciones de los sujetos las que deben ser consideradas moralmente buenas o moralmente malas,  el sujeto de la ética y la moral son las personas. La política es una arena de luchas o un campo como lo definió Bourdieu. En ese campo, hay un capital político en disputa y actores inmersos que ostentan el capital. Quien decide no involucrarse en la política, ya está derrotado sin haber participado siquiera. Quien se cansa de la política y la lucha, también perdió en el camino y fue derrotado.

Los que deseen la creación de una nueva sociedad, con una nueva ética que una lo normativo y lo explicativo, deberían buscar necesariamente el cambio institucional para que estas trabajen a fin de tener una “nueva política” “una nueva sociedad”. Las instituciones pueden colaborar para recrear la ética que conduzca a nueva forma de ser y actuar de los individuos. Hasta el momento, eso solo es posible si se continua disputando y tomando los espacios de la política institucional. No podemos separar, la estructura y la acción, esto es, desvincular al sujeto y sus buenas intenciones de las instituciones.

Referencias bibliográficas:

Bobbio, N. (2005). Teoría General de la Política. España: Trotta.

Pérez, A. (2009). La Subversión Ética de Nuestra Realidad. Managua: INHCA, UCA.


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