Frente al discurso oficial que anuncia la recuperación del turismo en Nicaragua, las cámaras empresariales afirman todo lo contrario. A su vez, el modelo de consenso entre Estado, gran empresariado y sindicatos con el que se desarrolló el turismo en los últimos años ha saltado por los aires.
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Artículo publicado originalmente en: http://www.albasud.org

Angélica Duarte | AlbaSud

Han pasado casi dos años desde que Nicaragua se sumergió en una de sus peores crisis sociopolíticas. El turismo suponía una de las actividades de mayor crecimiento y llegó a representar alrededor del 4.2 % del Producto Interno Bruto (PIB) del país. En cifras concretas eso se tradujo en 2017 en la llegada de alrededor de 1.5 millones de turistas, con un crecimiento de 26.2% respecto al año anterior, lo que representó para el país unos 700 millones de dólares en divisas. Ese año, el Barómetro Mundial de Turismo 2017 ubicó a Nicaragua como uno de los diez países de mayor crecimiento en la llegada de turistas internacionales. En ese sentido, la política turística había sido exitosa, sin embargo, en menos de un año todo cambiaría de manera drástica.

Uno de los sectores más afectados por el estallido de la crisis sociopolítica de abril de 2018 fue precisamente el turismo. Los ingresos durante ese año se contrajeron alrededor de 35.2% según las cifras del Instituto Nicaragüense de Turismo  (INTUR). En el caso de los trabajadores de este sector que se encontraban afiliados al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) un 37.5% dejaron de cotizar producto del cierre masivo de muchos negocios turísticos. A pesar de esto malos indicadores, el Gobierno ha anunciado que 2019 confirmaría la recuperación del turismo en el país.

La narrativa oficial de la recuperación

La crisis sociopolítica aún está lejos de resolverse en Nicaragua, pero para la codirectora del INTUR, Anasha Campbellel año 2019 fue espectacular para el turismo. Al respecto, en declaraciones recogidas por el diario oficialista El 19 Digital, señaló: “Más de un millón 117 mil turistas hemos recibido de enero a noviembre, esto sin incluir los 131 mil cruceristas y los excursionistas que son visitantes. Falta el mes de diciembre, que según calculamos nosotros deberíamos de andar entre el 1.3 y 1.4 millones para cierre de año”. Es decir, según estas manifestaciones, la cantidad de visitantes esperados para 2019 sería la misma cantidad que llegaron en 2018 en pleno estallido social, alrededor de 1.4 millones de turistas según los anuarios estadísticos del INTUR.

Como parte de la estrategia de recuperación de la actividad turística, la codirectora del INTUR también señaló que: “26 ferias internacionales, campañas digitales a través de plataformas como Expedia, Trivago, TripAdvisor, 48 viajes de prensa y 30 viajes de familiarización, son algunos de los planes a desarrollar para atraer al turista extranjero”. A pesar de eso, la mayor parte de la promoción turística internacional ha sido concentrada en Europa, que en el caso de Nicaragua apenas ha representado un 5% del total de turistas extranjeros que visitan el país.

Sin duda el mercado norteamericano ha sido uno de los más importantes, puesto que concentra la mayor parte de los turistas que llegan a Nicaragua, un 25% aproximadamente, el 70% restante corresponden a turistas de Centroamérica. Sin embargo, tanto Estados Unidos como Canadá aún mantiene sus alertas de viajes para Nicaragua. Por otro lado, el enfrentamiento político entre Nicaragua y los Estados Unidos ha provocado que este último país emita sanciones contra funcionarios del Gobierno de Nicaragua, lo que genera un agravante en el intento de normalizar las relaciones entre los dos países.

Por otro lado, en la exposición de motivos del Ministro de Hacienda y Crédito público, Iván Acosta, en la presentación del Presupuesto General de la República 2020 ante la Asamblea Nacional mencionó: “al segundo trimestre del año 2019 en relación al segundo trimestre del año 2018, el sector turismo muestra una importante recuperación en los ingresos con un crecimiento de +16.8%, explicado principalmente por la mayor afluencia de turistas (+24.9%), particularmente provenientes de Centroamérica (+19.0%) y Estados Unidos (+26.6%). Por otro lado, según las cuentas oficiales del Banco Central de Nicaragua (BCN), al primer trimestre del año 2019 se reportaba una caída del 42% en los ingresos por turismo, contrastando con la información presentada por el ministro de hacienda.

Fortaleza Inmaculada Concepción en El Castillo Río San Juan. Imagen de Angélica Duarte. 

El discurso oficial de la recuperación está basado en la exposición constante de estadísticas que intentan dar mayor legitimidad a las acciones gubernamentales, sin embargo, una política pública turística no solamente involucra a los actores estatales sino a los empresarios turísticos nacionales e internaciones, así como a los actores locales. Por lo tanto, en un país donde abiertamente hay un enfrentamiento de carácter político entre el gobierno y el sector empresarial, que le dio fin al “consenso” con el que se gobernaba, en estas condiciones será difícil mantener este discurso de recuperación en el tiempo.

¿Qué dicen los empresarios turísticos organizados?

En contraste con el discurso oficial de la recuperación del turismo, el gremio empresarial organizado en la Cámara Nicaragüense de Turismo (CANATUR) y la Cámara Nicaragüense de la micro, pequeña y mediana empresa turística (CANTUR) tiene posturas diferentes y visiones no tan optimistas. Por una parte, Lucy Valenti, presidente de CANATUR, argumentó, en declaraciones recogidas por La Prensa a mediados de diciembre pasado, que: “lo importante para las empresas del sector turístico es mantener operaciones en este momento, esa es la prioridad y qué acciones hacer para mantener a las empresas abiertas ya sea través del turismo nacional o a través de capturar un poco de turismo internacional, prácticamente estamos sobreviviendo”.

En el caso de CANTUR, que históricamente ha estado en manos de empresarios cercanos al gobierno, también se manejan cifras y expectativas distintas a las del discurso oficial. El presidente de esta institución, Leonardo Torres, según La Prensa, afirmó que “el gasto promedio del turista en la primera mitad del año es de 33 dólares”, en comparación a los 37.7 dólares en el mismo período del año 2018. En relación a los ingresos por turismo esperan que el año 2019 cierre con al menos 560 millones de dólares, un poco más que los 544.4 millones de dólares registrados en 2018 y que no se acerca al incremento que el Ministerio de Hacienda presentaba de más de un 16%.

En este sentido, es importante señalar que estas dos cámaras empresariales representaban alrededor del 80% de las empresas turísticas registradas legalmente en el país. Si bien en ambos casos existe una leve percepción de mejoría respecto al 2018, aún es incierto la recuperación sin una solución a la crisis sociopolítica, al menos en los próximos años no se vislumbra alcanzar los indicadores del año 2017. Por ahora, la prioridad es mantener operaciones aún con menos personal del que se requiere para atender la demanda turística en el país.

Para evidenciar la magnitud de la situación por la que está pasando la industria turística en el país, la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (FUNIDES) elaboró un estudio sobre la situación de los micro, pequeños y medianos negocios turísticos a finales del año 2019. En primer lugar, un hallazgo relevante es el relacionado con las ventas respecto al 2017. En el año 2018 sufrieron un decrecimiento de -57.1% y en el año 2019 de -51.1%. En segundo lugar, la procedencia de los turistas que visitaron estos negocios en el año 2017 fue un 62.7% extranjeros y un 37.3% nacionales. En el caso del año 2018 la proporción se invirtió ya que el 64% fueron nacionales y el 36% extranjeros, y ya en el año 2019 las cifras fueron similares con un 70% de nacionales y un 28% de extranjeros. En tercer lugar, entre las medidas que los encuestados señalan como las que más han afectado a sus negocios un 70 % aduce que el aumento del costo de la energía eléctrica, un 44% el pago de impuestos y un 41.7% el aumento del aporte patronal al INSS.

Mirador de Catarina. Imagen de Angélica Duarte. 

Las discrepancias con las cifras oficiales son bastante notorias, especialmente si se toma en cuenta que la narrativa gubernamental no menciona las afectaciones que aún siguen experimentando los negocios turísticos en su mayoría pequeños y medianos. De hecho, hoy en día se ha invertido la distribución de turistas nacionales y extranjeros: en el 2017 el 62.7% del turismo era internacional y un 37.3 era nacional, mientras que dos años después, en2019 las cifras han cambiado por completo con un 70.2% nacional y un 29.8 % internacional. Esto se debe en gran medida a que los precios en la oferta turística de restaurantes y hoteles ha caído, haciéndose más accesible para los turistas nacionales ante la ausencia de clientes extranjeros. Por ejemplo, en ciertos restaurantes de la Isla de Ometepe han preferido cambiar los precios del menú y reducir las tarifas de las habitaciones antes que cerrar operaciones. 

La crisis del turismo en Nicaragua, ¿una oportunidad?

La volatilidad de la actividad turística quedó demostrada en Nicaragua con la crisis sociopolítica que hoy mantiene al sector en estado de sobrevivencia. Así mismo, el modelo de “consenso” que venía funcionando en el país, aunque incluía a los principales gremios empresariales y sindicatos, no era completamente democrático e incluyente, puesto que muchos actores locales (agremiados o no) quedaban fuera de la discusión de las políticas públicas que les afectaban.

El debate sobre alternativas al modelo turístico dominante se ha abierto a partir de la crisis profunda que atraviesa el sector. Este contexto ha puesto al descubierto la fragilidad de las micro, pequeñas y medianas empresas turísticas, que históricamente no fueron prioridadesdel modelo de consenso. Uno de los ejes rectores de ese modelo dominante es la Ley 306 de Incentivos Turísticos de Nicaragua. Con ella se pretendía brindar facilidades de inversión, competitividad y crecimiento para la industria turística nacional o extranjera. Dentro de sus beneficios está la exoneración de impuestos para importación y del impuesto de bienes inmuebles, entre otros incentivos fiscales. Sin embargo, en la práctica los negocios turísticos que han tenido la posibilidad de acceder a estos incentivos son aquellos que deben cumplir una serie de requisitos contemplados en la ley. Por ejemplo, perfiles de la empresa, estudios de mercado, planes de inversión, proyecciones financieras, avalúos, planes arquitectónicos, entre otros. En este sentido, esta serie de requerimientos deja sin posibilidades de acceso a una gran cantidad de micro, pequeñas y medianas empresas que bien no cuentan con el capital necesario para realizar grandes inversiones o importaciones, y que tampoco cuentan con una contabilidad formal en muchos casos. De hecho, en el 2015 el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), junto con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), realizaron la Encuesta de Empresas Sostenibles Nicaragua donde se evidenció que solamente el 4.6% de las empresas llevaban contabilidad formal en el país.

Por lo tanto, la búsqueda de alternativas al modelo turístico que ha sido dominante en el país es una oportunidad para replantear las políticas públicas orientadas a este sector. En primer lugar, el proceso de democratización que hoy la sociedad nicaragüense está demandando debe también contemplar nuevos espacios de decisión más incluyentes y amplios. En segundo lugar, debe haber un reordenamiento del mapa turístico del país, donde sean los contextos específicos de los territorios los que orienten una política de incentivos, priorizando a los micro, pequeños y medianos empresarios, así como las iniciativas comunitarias. En tercer lugar, la política turística no debe constituirse de manera aislada sino más bien integrada con otras políticas públicas estatales o locales que apuesten por la diversificación, el desarrollo endógeno y no por el monopolio o los grandes enclaves turísticos.

En conclusión, es posible enumerar muchas otras posibilidades que representan alternativas o caminos no transitados en la industria turística nacional. Sin embargo, en primera instancia lo que se debe fomentar en el país es un debate abierto, plural e informado, junto a todos los actores involucrados, sobre el rumbo que debe tener esta industria. La experiencia de crisis y de sobrevivencia que han atravesado la mayoría de empresas turísticas e iniciativas locales comunitarias debería incentivar esa discusión, especialmente en un país donde la política pública ha sido excesivamente centralista y complaciente con los grandes capitales.





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