La renuncia del Partido Conservador (PC) a su único escaño en la Asamblea Nacional es un síntoma más de la decadencia de la vieja clase política nacional. El PC deja de orbitar alrededor del oficialismo aduciendo que se ubicaba en una posición marginal en el espectro político. El cambio de rumbo y la grandilocuencia de la renuncia es simplemente una cuestión de acomodo de cara al próximo proceso electoral, la consigna es lavarse la cara, sobrevivir y quizá una pequeña cuota de poder.
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La renuncia del Partido Conservador (PC) a su único escaño en la Asamblea Nacional es un síntoma más de la decadencia de la vieja clase política nacional. El PC deja de orbitar alrededor del oficialismo aduciendo que se ubicaba en una posición marginal en el espectro político. El cambio de rumbo y la grandilocuencia de la renuncia es simplemente una cuestión de acomodo de cara al próximo proceso electoral, la consigna es lavarse la cara, sobrevivir y quizá conseguir una pequeña cuota de poder.

El PC durante todo su mancomunato de facto con el orteguismo sirvió para que su presencia- a sabiendas o no- validase todas las decisiones de los diputados oficialistas, tales como, fraudes y actos de corrupción. Ciertamente, el PC no estaba para proponer, aprobar y opinar, su función era “estar ahí” “ser ahí” y ese acto era suficiente para que el gobierno diera la falsa impresión que en la Asamblea había pluralidad y democracia.

El representante del PC, Alfredo Cesar Aguirre expuso que la Asamblea está siendo conducida antidemocráticamente y proporcionó como ejemplo, las treinta leyes que el Frente Sandinista de Liberación Nacional(FLSN) aprobaría, en las que no incluye ninguna propuesta de la oposición. Aguirre no ha dicho nada revelador, una gran parte de la población estaba enterada que el PC tenía la funcionalidad de partido zancudo, a cambio, los funcionarios recibían jugados salarios y beneficios que disfrutan los diputados oficialistas.

Aguirre hizo el gran anuncio de su retiro de la Asamblea, algo que una persona coherente con las demandas de la población azul y blanco debió hacer hace muchas lunas atrás. El represente del conservadurismo partidario pretende mostrar un acto de honestidad cuando el vagón orteguista viaja aceleradamente para chocar de forma estrepitosa contra el muro de las sanciones internacionales. El PC renuncia justamente cuando un largo eclipse de sanciones procedentes de distintas latitudes amenaza con ofuscar los intereses políticos de Ortega.

En una coalición verdaderamente democrática, la participación del PC debe ser considerada con cautela. Por otro lado, pareciera que para el PC montarse en el tren con Ortega es un suicidio, de manera que su salida por unanimidad sería una buena noticia porque podría representar inestabilidad en el sistema constelar partidario del FSLN. En consecuencia, el PC quiere evitar daños mayores a sus partidarios.  Esperemos que en el futuro no se convierta en un radar del FSLN en campo azul y blanco.


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