El Coronavirus desconoce fronteras, edad, g茅nero y estatus social, m谩s no las estructuras de exclusi贸n, racialidad y desigualdad social que le han acogido, y que no permiten ignorar que no afecta a todas las personas y grupos por igual y que hemos organizado la sociedad no para la protecci贸n de quienes hist贸ricamente han sido vulnerabilizados, sino para el resguardo de los bien situados
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Art铆culo publicado originalmente en: https://surcosdigital.com/no-solo-es-xenofobia-la-construccion-colonial-del-discurso-sobre-la-migracion-en-costa-rica/

Por:

Jenyel Contreras Guzm谩n, Soci贸loga, Investigadora y evaluadora Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO, COSTA RICA). Docente Universidad de Costa Rica (UCR)

Guillermo Acu帽a Gonz谩lez, escritor, soci贸logo.
Acad茅mico Instituto de Estudios Sociales en Poblaci贸n, Universidad Nacional

Repensarnos en la otredad nunca ha sido tarea f谩cil. Reconocer a la persona migrante como sujeto con derechos, a煤n en tiempos de pandemia, se vislumbra como el nuevo gran reto. En un momento de la historia en el cual es preciso reconsiderar los marcos de convivencia humana, el sujeto migrante, la persona que se moviliza, vuelve a ser portador de malas noticias, no por s铆 mismo, sino por los otros que lo increpan. Lo que genera su existencia no solo tiene que ver con la construcci贸n de miedos, de desconocimientos, de rechazos sistem谩ticos. Se relaciona con la conformaci贸n global de estructuras de poder, la distribuci贸n de sentidos de otredad que marcan, delimitan, expulsan, excluyen. Este escenario est谩 servido en Costa Rica.

Si existe una poblaci贸n doblemente vulnerabilizada en el actual contexto de emergencia sanitaria, esa es la poblaci贸n migrante. 鈥A un pa铆s que no le importamos en vida tampoco parece que le importamos en la muerte鈥, sentencia Juan Carlos Ru铆z[1], veterano y defensor de las personas migrantes en Nueva York, la ciudad de mayor afectaci贸n por coronavirus en Estados Unidos, en donde alrededor del 35% del total de personas fallecidas son de origen hispano.

Tales cifras se corresponden con los bajos ingresos, que les obliga a seguir trabajando pese a las medidas de confinamiento, el padecimiento de enfermedades cr贸nicas subyacentes, vivir en el hacinamiento en viviendas multifamiliares, la falta de acceso al seguro m茅dico y no buscar asistencia m茅dica por temor a sufrir represalias como la deportaci贸n, que han continuado a煤n con la pandemia a cuestas. Esa misma ciudad que registra una muerte cada 2 minutos, ha sido abandonada a su suerte por los ricos que el virus no ha encontrado en sus casas, porque han salido sin rubor en aviones privados hacia sus multimillonarias residencias en Long Island a resguardarse de la letalidad y el confinamiento. Si hay un proceso que no se ha detenido ni con la pandemia, ha sido el de la reproducci贸n global del poder, capitalista, eurocentrado, extractivo.

Entre el rigor y la dureza de tales cifras y el desd茅n de las 茅lites estadounidenses, se asoma en aquel pa铆s tibiamente el fallecimiento de 5 personas de origen costarricense como producto de la pandemia. Para los efectos, representan una di谩spora silenciosa y poco referenciada en las reflexiones sobre movilidades en el pa铆s, tan acostumbradas m谩s bien a sentir resquemor y sospecha por aquellas personas que vienen de afuera, un afuera selectivo y siempre diferenciado. Un pa铆s que no discute sobre su di谩spora, la niega, la invisibiliza y reproduce el mismo desinter茅s que las 茅lites globales muestran por el resto de la poblaci贸n. Refleja para s铆 un orden colonial de pensamiento, una din谩mica desigual de funcionamiento y de responsabilidad para con los suyos.

El Coronavirus desconoce fronteras, edad, g茅nero y estatus social, mas no las estructuras de exclusi贸n, racialidad y desigualdad social que le han acogido, y que no permiten ignorar que no afecta a todas las personas y grupos por igual y que hemos organizado la sociedad no para la protecci贸n de quienes hist贸ricamente han sido vulnerabilizados, sino para el resguardo de los bien situados.

Nos encontramos ante un brote epidemiol贸gico que esta vez no tuvo como epicentro el 脕frica Subsahariana ni la Latinoam茅rica subdesarrollada, un contagio global que no migr贸 desde el sur global con gente en barcazas o en caravanas, un enemigo no tan invisible cuando las fronteras fueron cerradas. Una pandemia que ha dejado al descubierto el costo de no haber atendido oportunamente los problemas estructurales de sociedades acostumbradas a socializar las p茅rdidas y privatizar las ganancias.

Teniendo como conducta normal responsabilizar en los otros, los de afuera, los males que le aquejan, esta sociedad ya hab铆a tenido sus ensayos de construcci贸n de discursos culpabilizantes en los extranjeros, en 茅pocas recientes de epidemias no tan azotadoras ni devastadoras como la presente.

Hace tan solo seis a帽os, cuando se produjo la crisis del 茅bola, el cuerpo sospechoso proven铆a de ese sur global devastado por la pobreza, el hambre y la miseria. Era un cuerpo enemigo, racializado, excluido. Teniendo como principio de conducci贸n del virus, la movilidad de personas fue restringida, pese a la negativa de la Organizaci贸n Mundial de la Salud de no limitar las movilidades humanas en aquel periodo. No tantos aviones fueron obligados a poner pie en tierra como ahora, pero las personas en contextos de movilidad fueron sacudidas por una percepci贸n de portabilidad y enfermedad, solo por el hecho de moverse entre las fronteras internacionales.

Esa misma percepci贸n, conviene recordarlo, se construy贸 como aguja hipod茅rmica del norte al sur, con consecuencias graves para las personas de contextos nacionales precarios, como el caso del 谩frica subsahariana, de donde supuestamente provino el origen del virus. Con esta misma percepci贸n, se incautaron los derechos de las personas en contextos de movilidad, como lo se帽al贸 en su momento Deysi Ventura: 鈥渆l fantasma del extranjero que trae la enfermedad justifica medidas que restrigen las migraciones internacionales y fomenta violaciones a los derechos humanos鈥.[2]

Palabras previsoras de un mundo que seis a帽os despu茅s contin煤a la tiran铆a en contra de las personas en procesos de movilidad, ahora con un claro car谩cter forzado alrededor del mundo. En el contexto de clausura que se experimenta, cualquier intento de movilidad a trav茅s de las fronteras trae consigo el germen de la construcci贸n de la sospecha, el virus del estigma y el rechazo.

隆Que se vaya a morir a Nicaragua!

La narrativa antiinmigrante no ha sido heredada de los tiempos actuales de pandemia. En 茅pocas recientes las im谩genes han sido lacerantes: el horror de una ni帽ez enjaulada y enjuicida como criminal por las cortes migratorias estadounidense, familias separadas y confinadas (ahora que el concepto de confinamiento ha supuesto novedad para quien lo experimenta en el marco de la coyuntura), la desesperaci贸n de las caravanas y corredores humanitarios centroamericanos de finales de 2018 y principios del 2019, cientos de cad谩veres dispersos en el Mediterr谩neo, teniendo el agua como 煤nica promesa de tierra segura, las historias de drama para cientos de personas migrantes en la frontera entre Grecia y Turqu铆a, sucedidas hace apenas unas semanas.

Nuevos muros se han construido en todo el mundo con ladrillos s贸lidos, alimentados por el miedo y el lenguaje de guerra. Una vez m谩s hemos permitido que un problema estructural sea reducido a un conflicto de nacionalidad, a un s谩lvense quien pueda, a un nadie m谩s cruce la frontera.

En Costa Rica los imaginarios de superioridad nacionalista son rastreables al siglo XIX. En su trabajo, Costarricense por dicha (2002, Editorial UCR), el historiador Iv谩n Molina habla de la construcci贸n de esta identidad nacional, blanqueada y vallecentrista.

Recientemente, no es posible obviar episodios de construcci贸n de discurso nacionalista, salpicados de odio y rechazo al extranjero, pero no a cualquiera. Recordemos el caso del ataque y desamparo hacia Natividad Canda en 2005 y los discursos generados, la marcha xenof贸bica en San Jos茅 del 18 de agosto de 2018, la existencia de m谩s de 30 p谩ginas de redes sociales incitando al rechazo al extranjero, con cerca de 80.000 seguidores ese mismo a帽o y el 煤ltimo acontecimiento, ocurrido en un lamentable domingo de resurrecci贸n lleno de discursos viscerales hacia una menor de edad, migrante y embarazada que cruz贸 la frontera en busca de asistencia m茅dica al cierre de la Semana Santa.

Escudados en una protecci贸n higi茅nica del pa铆s, de sus fronteras, de sus familias, tales discursos traspasaron el filtro de la objetividad y se perdieron en una mara帽a de ep铆tetos contra el cuerpo de esta ni帽a, condensando en ella esa actitud anti nicarag眉ense que se enciende con cada coyuntura de toda naturaleza.

Este discurso no es solo xenofobia, porque tambi茅n recrea otros elementos de la construcci贸n de procesos hist贸ricos de diferenciaci贸n y desigualdad en el pa铆s. Mientras la protecci贸n de la dignidad humana contin煤e estando atravesada por la colonialidad del poder, se sostendr谩 la necropol铆tica, esa idea de que hay cuerpos que importan y cuerpos que pueden ser descartados. As铆, la pandemia ha develado no solo los temores higienizantes al contagio, sino los miedos sociales siempre presentes en sociedades construidas al amparo de ideas hegem贸nicas sobre identidades y convivencias. Reiteramos: no solo se trata de xenofobias, que existen y son muchas. Son los resabios de estructuras de poder econ贸mico y social que hacen su trabajo en sociedades fracturadas en su tejido colectivo y social, como el caso costarricense.

Tambi茅n en el contexto internacional la crueldad no se detiene y ejemplos existen todos los d铆as.

La consigna America first se constituye en el nuevo lema que ha permitido a la administraci贸n Trump expulsar a casi 10 mil personas migrantes desde el pasado 21 de marzo, en una nueva cruzada de odio antimigrante y racial. Este poder le ha permitido firmar un decreto para sancionar a los pa铆ses que no 鈥渞ecojan鈥 a sus deportados.

Por otra parte, la construcci贸n del muro fronterizo entre Estados Unidos y M茅xico continu贸 en funcionamiento, tipificada bajo la categor铆a de actividad esencial y los trabajadores migrantes mexicanos que lo levantan, deben cruzar todos los d铆as la frontera, ponerse bajo las 贸rdenes de las autoridades sanitarias estadounidenses y mostrar con documentos que se dirigen a la obra fronteriza.

Mostrando el desd茅n colonial del norte global, hace unos d铆as dos m茅dicos franceses sugirieron en un programa de televisi贸n que la vacuna contra el coronavirus podr铆a ser probada en 脕frica. Distintos pa铆ses europeos y la misma Casa Blanca hacen un llamado de solidaridad migrante para continuar con las 鈥渁ctividades esenciales鈥 y recibir apoyo de profesionales extranjeros del 谩rea de la salud. Muchas actividades subterr谩neas y precarizadas contin煤an su funcionamiento en el mundo gracias a la actividad laboral de cientos de miles de personas trabajadoras migrantes. Incluido por supuesto el caso costarricense.

Detectamos y rechazamos

Un pa铆s que continuamente se reconoce en la ausencia de ej茅rcito, parece interesarle bastante poco reflexionar sobre los efectos de la utilizaci贸n de lenguaje b茅lico para abordar situaciones de orden cotidiano. Los pa铆ses de Centroam茅rica podr铆an darnos cuenta de los impactos devastadores de ello. Hace m谩s de 30 a帽os, el ling眉ista George Lakoff y el fil贸sofo Mark Johnson explicaron el poder de las llamadas met谩foras estructurales que impregnan la vida misma, no solamente en el lenguaje, sino tambi茅n el pensamiento.

Pero ese discurso b茅lico ha estado presente en otras coyunturas recientes, como el caso desatado por la coyuntura de tensi贸n con Nicaragua por el territorio de Isla Calero y los llamados a defender la soberan铆a nacional realizados en aquel momento[3].

En este marco, un imaginario de combate diario es reforzado en publicaciones de la Direcci贸n General de Migraci贸n y Extranjer铆a (DGME), el Ministerio de Seguridad P煤blica y la Vicepresidencia de la Republica en sus cuentas de redes sociales: 鈥渄etectamos y rechazamos extranjeros鈥 鈥#FronterasSeguras鈥 鈥渃ontrol migratorio鈥 鈥渢olerancia cero鈥. A esto se ha unido, incidentalmente, un medio de comunicaci贸n, que haciendo gala de una extra帽a idea de neutralidad period铆stica, acompa帽a los sobrevuelos del Ministerio de Seguridad en zonas de frontera, mostrando la efectividad del barrido y los esfuerzos por proteger la soberan铆a sanitaria nacional.

Todos Idearios propios de los abordajes securiatarios de las migraciones, cuyo logro principal es el reforzamiento de las fronteras ante las amenazas externas. De ello da cuenta la pol铆tica exterior estadounidense continuamente. Nos preguntamos si esta agenda institucional y medi谩tica, no condensar谩 finalmente otros temas como la aceleraci贸n de las reformas de empleo en el sector p煤blico o la inserci贸n de los intereses empresariales en los actuales esquemas de gobernanza, solo por mencionar dos casos puntuales actualmente en transcurso.

Como sea, resultado de este escenario discursivo, se han producido dos reacciones de la sociedad costarricense: el impulso del humanismo y solidaridad que existe y se cuenta por decenas y por otro lado el discurso de la divisi贸n, del rechazo visceral y la confrontaci贸n constante. Las personas que atizan el conflicto y la polarizaci贸n, hacen un da帽o enorme, porque la convivencia es muy fr谩gil y la estamos convirtiendo en una lucha de todos contra todos, con dificultad para el debate saludable, basado en argumentos y premisas de conocimiento sobre las causas y las consecuencias de las movilidades humanas en los actuales contextos.

Abundan los mensajes efervescentes, las noticias falsas, la informaci贸n no verificada (como por ejemplo el video circulado de un supuesto cementerio de cuerpos nicarag眉enses, que finalmente fue ubicado en Ecuador), los Dunning-Kruger de las migraciones, y los grupos supremacistas, que los hay en el pa铆s, clamando por una defensa armada y el resguardo de las fronteras. Parad贸jicamente, esos mismos grupos guardaron silencio cuando las grandes empresas evasoras eludieron su responsabilidad con las instituciones que se han encargado de proteger desde la salud p煤blica en el marco de la pandemia y que han sido debilitadas durante d茅cadas por pol铆ticas de racionalizaci贸n econ贸mica y el concurso de empresas de capital extranjero y transnacional. Ah铆 est谩 el detalle: al descubierto se refleja que el problema no son los extranjeros, siempre y cuando no sean pobres y provenientes del sur global.

Ya en 1947 Albert Camus nos recordaba que las peores epidemias no son biol贸gicas, sino morales, y que es en las situaciones de crisis que sale a la luz lo peor o mejor de la sociedad. Las grandes crisis no solo apelan a la 茅tica c铆vica y a la responsabilidad individual y colectiva. Sirven tambi茅n para discernir lo trascendental de lo accesorio, lo esencial de lo superficial. Ser谩 nuestra tarea apostar por la solidaridad intersubjetiva, para construir sociedades m谩s inclusivas cuando la emergencia sanitaria haya terminado.

Notas

[1] En entrevista para La Jornada, 11 de abril de 2020.

[2] Deysi Ventura, 2016. El impacto de las crisis sanitarias internacionales en los derechos de los migrantes. SUR 23 鈥 v.13 n.23 鈥 61 鈥 75

[3] Un abordaje anal铆tico sobre este acontecimiento puede ser consultado en el texto del acad茅mico Esteban Aguilar denominado Proyecto Calero: una historia de militarizaci贸n y xenofobia. (Praxis, Revista de Filosof铆a, N 71. Junio-Diciembre 2013)


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