El pasado 6 de diciembre cerró sus puertas el Museo de la Memoria contra la Impunidad. Una iniciativa de la Asociación Madres de Abril que disputa la narrativa oficial y da vida a las historias de los asesinados por la represión gubernamental.
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No hay nada que pueda prepararte para visitar ese pequeño espacio donde un grupo de madres recuerda día a día a sus hijos. La recreación de las barricadas, los morteros, las máscaras y los objetos personales de los que osaron desafiar al poder y hoy ya no están, realmente conmueve. Pero son las historias escritas en letra pequeña en las paredes lo que nos hace cuestionar hasta dónde la intolerancia política puede truncar los sueños de tantos.

El Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA) de la Universidad Centroamericana fue la sede donde se mostraron y resguardaron estos rostros que nos interpelan permanentemente. En la sala principal las historias adquieren vida a través de más de 60 fotografías en blanco y negro. En cada una, los familiares sostienen con rostro triste pero digno, los retratos de sus hijos, tíos, hermanos. Unas pequeñas bolsitas negras sostienen firme estas fotografías que penden de un hilo de nylon, como recordándonos que no irán a ningún lado.

Fuente: A. Silva | El Contrapoder

Mientras se recorren las distintas salas te vas encontrando con objetos personales; en una pared se puede ver colgada una gorra de Johnson “Tony” Merlo con una inscripción que dice: “Gorra que él siempre tenía, personalizada con el nombre de m hijo”, justo al lado otra frase de su madre: “El último regalo que él me dio”. Cuando avanzo sobre la pared se me aparece un tablero de ajedrez encima de un adoquín. Eddy Montes jugaba con él en sus últimos días de vida, antes de ser asesinado por un Guardia Penitenciario en la Cárcel Modelo en el galerón de presos políticos.

El 14 de Junio de 2018 asesinaron a Sandor Dolmus en León, un jóven de 15 años. En otra de las paredes del museo puede verse su banda, su roquete y su sotana roja: “Ese era su favorito, hasta lo dejó planchado, con él iba aseado a la catedral”. Son palabras de su familia que pueden leerse debajo de sus ropas de monaguillo. La etapa más violenta de la represión sin duda no discriminó entre niños, jóvenes, adultos, mujeres o ancianos. Todo aquel identificado como “azul y blanco” podía ser el siguiente.

Fuente: A. Silva | El Contrapoder

Frente a la mirada de Sandino retratado en la pared, una de las salas se muestra como un espacio íntimo de reflexión, de recuerdo y permanencia con las víctimas. Dos altares convierten este espacio en una muestra tangible de cómo las madres y familiares han tenido que vivir su duelo. Un duelo que en sus propias palabras “no ha sido normal”. En la Nicaragua de hoy no se deja velar a los muertos en paz, no se expiden actas de defunción y hasta los cementerios se vigilan.

En este museo único en el país se ejercita un hábito que parecía perdido entre los nicaragüenses. Hemos sido un país de memoria corta, frágil y a veces turbia. Mientras tanto, los ciclos de violencia siguen volviendo a nosotros como recordándonos que tenemos una cita pendiente con la historia. En este espacio que hoy se clausura físicamente, las memorias se vuelve tangibles y se construyen narrativas que disputan los discursos del poder.

Fuente: A. Silva | El Contrapoder

“Con este museo estamos demostrando quienes eran nuestros hijos, cómo ocurrieron los hechos, dónde ocurrieron y de parte de quién vinieron los actos de cobardía donde truncaron sus sueños, sus deseos de vivir, sus metas, por el simple hecho de protestar y defender sus derechos y el derecho de los desprotegidos y que, lamentablemente eso les costó la vida.”

Palabras de Lizeth Dávila en la clausura del museo. Ella es madre de Alvaro Conrado, niño de 15 años asesinado el 20 de abril de 2018.

En este día emotivo donde la memoria se vuelve colectiva se escuchan voces que al unísono gritan: “No eran delincuentes, eran estudiantes”, “Las madres no se rinden, exigen justicia”. A veces nos parecen ecos lejanos, exigencias que se diluyen en la incertidumbre que hoy reina en el país. Pero es la convicción, la unidad y la decisión de seguir luchando de la Asociación Madres de Abril lo que nos devuelve absolutamente a la realidad.

Fuente: A. Silva | El Contrapoder

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