Desde la Conquista de Nicaragua, en el pacífico por parte de los españoles y en el caribe por los ingleses, estas dos regiones han estado divididas por una línea o una valla simbólica, pero ¿Qué hay de este lado y de aquel lado de esa valla?. Después de la anexión de la "Moskitia" a Nicaragua entre 1860-1905 vendría casi un siglo después en la Constitución Política de 1987, el reconocimiento de la pluriculturalidad, de la autonomía y de los derechos humanos de la población del Caribe. Sin embargo, la línea divisoria entre estas dos regiones sigue siendo visible.
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Desde la Conquista de Nicaragua, en el pacífico por parte de los españoles y en el caribe por los ingleses, estas dos regiones han estado divididas por una línea o una valla simbólica, pero ¿Qué hay de este lado y de aquel lado de esa valla?. Después de la anexión de la “Moskitia” a Nicaragua entre 1860-1905 vendría casi un siglo después en la Constitución Política de 1987 el reconocimiento de la pluriculturalidad, de la autonomía y de los derechos humanos de la población del Caribe. Sin embargo, la línea divisoria entre estas dos regiones sigue siendo visible.

Actualmente de un lado de la línea se encuentra el Pacifico-Centro con las ciudades más grandes, la mayor concentración de tierras, un corredor seco y la mayor parte de la población mestiza-ladina, así como la capital Managua. Del otro lado de la línea está la Costa Caribe, con tierras codiciadas para actividades extractivas de recursos renovables y no renovables y para la expansión de actividades agropecuarias.

Este es un espacio multicultural, multilingüe, una tierra con su propia historia. La división de la línea es tan notable que desde el lado del Pacifico se desconoce, se excluye, se asimila o se invisibiliza, es decir, el Caribe desaparece. Es así que, dependiendo desde que lado de la línea se vea, es posible evidenciar la existencia de una regulación/ emancipación de un lado y apropiación/violencia del otro.

Fuente: Marlon Howking

Regulación/emancipación de Managua-Pacífico

Desde la anexión de la “Moskitia” a Nicaragua a inicios del siglo XX, las elites mestizas con poder (gobiernos, empresas, universidades, ONGs) con sede en Managua han llevado el control del Caribe. Estos han considerado a Managua como lo moderno, lo legítimo y lo legal, desde donde se pueden tomar las decisiones sobre el desarrollo de la pluriculturalidad del Caribe.

Incluso históricamente desde la línea del Pacífico la multiculturalidad del Caribe se ha visto como un atraso (región de atrasados), una cultura de brujos que no permite el ingreso de la modernidad, hasta el punto de ser considerados personas que no piensan, una cultura que contradice la idea de desarrollo, de verdad, de legalidad y modernismo que tienen los tomadores de decisiones (Gobierno Nacional).

Estas son las razones por las que, “desde el lado considerado desarrollado y el legal para llevar el desarrollo se ve a la riqueza humana, cultural y medioambiental como espacio socio geográfico subdesarrollado de modo que las practicas hacia ellos pueden ser inhumanas o de lesa humanidad, tanto por el agresor como porque quienes aplican las normas jurídicas en el país”, Boaventura de Sousa [1].

Mismas que han llevado a modificar la historia, la cultura y formas de vida de la población indígena del Caribe. Incluso llegando al punto de invisibilizar las muertes de indígenas por parte de colonos. Por consiguiente, sentirte en el poder de seguir gobernando, excluyendo a comunes y aplicando lo que ellos consideran desarrollo, justicia, derecho y ciencia, es allí donde es más visible la apropiación y violencia.

Apropiación/violencia en el Caribe

Defender la madre tierra, ríos y selvas ha costado a indígenas de la Moskitia muertes, desesperación y resistencia. Los problemas-conflictos se han aumentado con la implementación de economías extractivas por los gobiernos de turno (incluso empresas-organizaciones extractivistas disfrazadas de ambientalistas y defensoras del conocimiento indígena) y actualmente con colonos y terceros que invaden el territorio. Este último conflicto se ha intensificado a partir del 2010, puesto que invasores aparte de robar las tierras, bosques y ríos ancestrales, asesinan a líderes indígenas y obligan a comunitarios a abandonar la comunidad. El comentario del siguiente joven así lo expresa:

Antes del 2010 nosotros podíamos caminar, sembrar en cualquier parcela, éramos libres podíamos ir al río a pescar, podíamos decidir dónde y cómo sembrar de acuerdo a nuestras costumbres, pero con la llegada de los colonos en el 2010, ahora sentimos que las tierras ya no son de nosotros, nos mantienen muy amenazados y han asesinado comunitarios, ¿Qué futuro tienen nuestros niños? es lo que siempre me pregunto (…). Nosotros los indígenas hemos sufrido tanto, tanto desde hace mucho tiempo, con la llegada de españoles, ingleses, con huracanes, con la navidad roja y ahora con colonos, hemos llegado al punto que en mi comunidad no entendemos el significado de la palabra felicidad porque durante toda la historia hemos sufrido.

(Jovenes miskitu del territorio Wangki Twi-Tasba Raya, 2019).

Los ataques de colonos armados a los que están siendo sometidos los pueblos indígenas, están íntimamente relacionado con la explotación de los recursos naturales (tierra, bosque y agua) en sus territorios ancestrales, paradójicamente titulados por el Estado y reconocidos en la Ley 28 y Ley 445. La situación de los colonos se ha empeorado al punto que la propia CIDH y la Corte Interamericana de Derechos Humanos han otorgado medidas cautelares y provisionales a indígenas para proteger su vida e integridad.

Fuente: Marlon Howking

No obstante, el Estado de Nicaragua se encuentra en desacato al hacer caso omiso a las medidas requeridas por estos órganos internacionales y a los mismos estatutos jurídicos establecidos en la Constitución Política. Mientras por el otro lado, colonos invaden cada vez más las tierras indígenas, empujándolos a vivir al centro de las selvas del Caribe, a la orilla del mar o sacándolos a centros urbanos como Puerto Cabezas, Bonanza, Rosita y Waspam.

Actualmente los nuevos agentes mestizos-ladinos que han llegado al Caribe (colonos de tierras, colonos empresarios, partidos políticos) son un nuevo gobierno indirecto que regula el espacio social y priva los espacios colectivos. Se están convirtiendo en poderosos actores no estatales que obtienen control sobre las vidas y el bienestar de vastas poblaciones, ya sea por el control del acceso a la salud, la tierra, el agua, el bosque o la calidad del medioambiente.

De esta manera, el Estado se convierte en un agente colonizador, mismo que ahora “está siendo reemplazado por obligaciones contractuales privatizadas y despolitizadas, bajo las cuales la parte más débil está más o menos a la misericordia de la parte más fuerte, lo que lleva a un fascismo social que excluye, invisibiliza y se apropia de los grupos más débiles”[2], violentando de esta manera todos sus derechos humanos constituidos en diversos estatutos jurídicos.

La colonización-invasión sufrida por indígenas ha sido histórica y violenta, ya que los colonos mestizos han extendido el uso de los nativos como guías para expropiarlos de sus propias tierras (o para extraer sus conocimientos) por ejemplo en el uso de los mitos y ceremonias locales como instrumento de conversión. Actualmente han llamado a nativos a la cohabitación con colonos-terceros para intentar opacar conflictos o para librar responsabilidades del Estado. Han prohibido el uso de sus idiomas en espacios públicos y académicos y han destruido sus lugares ceremoniales y simbólicos. Todo esto ha llevado a indígenas-afrodescendientes a diversas formas de discriminación racial y cultural de forma permanente, hasta el punto de sentir que quieren exterminarlos.

Para la reflexión

La Costa Caribe de Nicaragua ha sido la región olvidada por todos los gobiernos centrales y el gobierno regional autónomo, que muchas veces solo en el nombre se ha quedado. La pluriculturalidad o pluriversidad del Caribe ha sido vista como atraso y de poca importancia para el Estado, pese a su aporte en la construcción de la identidad nicaragüense durante el período colonial y en la actualidad.

Las regiones autónomas son ricas en recursos naturales y por ello la economía extractivista de Nicaragua la ve con ojos para hacer dinero, amparada en el derecho privado. Una visión que se contrapone al derecho común y provoca el irrespeto a la cosmovisión de la multiculturalidad y al principio de la autonomía. Todos los gobiernos han apuntado a homogeneizar la región, solapando la arbitrariedad de sus actos con la aprobación de leyes y políticas públicas que algunas solo se convierten en un escrito más o que más bien terminan lesionando los principios de autonomía, de determinación así como el derecho a la pluriculturalidad.

Aparte de los problemas con colonos-terceros, la línea del Caribe nicaragüense sigue vulnerable. En principio, por la falta de servicios básicos (en cantidad y calidad, por ejemplo, escasa infraestructura educativa, de salud, saneamiento, vivienda). Por otro lado, los servicios públicos se rigen por la lógica de la otra parte del país en donde predomina el español y el mestizaje ladino, es decir que no se adaptan a la multiculturalidad de la región.

En este sentido, la mayor parte de la población indígena y afrodescendientes se sigue sintiendo como extranjera dentro de su propio país. Y aunque la Constitución Política y las leyes reconocen la multiculturalidad y autonomía (Ley 28, Ley 445), todas las decisiones en beneficio de esta población multicultural siguen rigiéndose por un “managuacentrismo”, es decir, todas las decisiones públicas las toman personas mestizas o de clase alta que habitan en Managua, la capital del país.

En resumen, ¿De qué sirve reconocerse como un país multicultural y multilingüe si se da prioridad a una cultura y se oprime a las otras? ¿De qué sirve ser nicaragüense y sentirse extranjero-excluido en tu propio país?

Notas

[1] De Sousa Santos. B (2010). Para descolonizar el Occidente: Más allá del pensamiento abismal. Buenos Aires. CLACSO.

[2] De Sousa Santos. B (2010). Para descolonizar el Occidente: Más allá del pensamiento abismal. Buenos Aires. CLACSO.


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