La crisis de Bolivia ha provocado que el presidente Daniel Ortega suene los tambores de guerra. Desde el 2018 el presidente viene desempolvando los atabales que había guardado en las bodegas para impulsar la política de amor y paz. Todo indica que ese discurso romántico está perdiendo fuerza. Este jueves 14 de noviembre durante la reunión con los cancilleres del Alba, el mandatario tocó los tambores de guerra por unos minutos.
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La crisis de Bolivia ha provocado que el presidente Daniel Ortega suene los tambores de guerra. Desde el 2018 el presidente viene desempolvando los atabales que había guardado en las bodegas para impulsar la política de amor y paz.  Todo indica que ese discurso romántico está perdiendo fuerza. Este jueves 14 de noviembre durante la reunión  con los cancilleres del Alba, el mandatario tocó los tambores de guerra por unos minutos. Pareciera que es una política de estado que busca recuperar y consolidar.

Los discursos del comandante son muy claros, independientemente del amplio o reducido respaldo popular que goza el  gobierno sandinista, indudablemente; su permanencia en el poder se basa en las armas y las amenazas de muerte a sus detractores. Los aduladores del mandatario y leales a la necropolitica del FSLN públicamente han reconocido que permanecen en el poder por medio de las armas. Prestemos atención a sus declaraciones: “Aquí los revolucionarios estamos armados (Policía, Ejército y pueblo organizado)” (Terán, 2019).

El pueblo nicaragüense ya está claro que los grupos paramilitares trabajan en conjunto con la política y el ejército, esto ya no es conjetura, sino un hecho. Carlos Fonseca Terán lo sostuvo con sus propias palabras quien el en 2018 había sostenido que conservaban el control “por medio de los fierros”. Este año el General del ejército Julio César Avilés se alineó con el relato oficialista del golpe de estado.

Un reconocido periodista del FSLN ha hecho similares afirmaciones: “Nos animó ver  compañeros allá en Estelí cuando salen a patrullar, cuando la Policía está encuartelada y comienzan a sacar a los tranqueros” (Grisgby, 2009). El gobierno encuarteló a la policía pero sacó a los “compañeros”,  a saber, los paramilitares quienes conjuntamente con la policía llevaran a cabo la operación “vamos con todo”.

 El mismo periodista hablando del “golpe estado”  añade en su programa Sin Fronteras: “El ejército dijo no, pero un no apegado a la constitución, pero más que eso, un no de convicciones políticas” (Grisgby, 2009).  Los apologistas del orteguismo y la necropolítica  revelan claramente que el FSLN subsiste hasta el momento, no por su base popular sino por sus tres brazos armados, es decir, la policía, el ejército y los paramilitares.

Como si fuera poco, Juan Carlos Ortega Murillo, hijo del presidente, aseguró que “la libertad no se conquista con flores sino con balas” . De manera que sustituyó los botos por las flores y las flores por las balas, para este tipo de personas las cosas se resuelven con los fusiles y no por medio del sufragio universal.

Todo pareciera indicar que esta idea podría ser una política de estado que buscan consolidar en Nicaragua. El presidente Daniel Ortega el día jueves aseveró que “los pueblos se sentirán con todo el derecho, la obligación de buscar las armas para tomar el poder”. La afirmación ciertamente está dentro de un contexto de inestabilidad y de luchas sociales, sobre todo, en Nicaragua. Por lo tanto, las palabras del gobernante se pueden entender como una amenaza contra el mismo pueblo nicaragüense opositor. Los tiempos oscuros del paramilitarismo amenazan con caretas de izquierda y derecha en Latinoamérica, pero en Nicaragua ya es un plan en ejecución.


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