En los últimos días, las opiniones públicas en el país se muestran un tanto nerviosas por una posible “avalancha” de personas provenientes de Nicaragua. El nerviosismo se deja ver en los medios de comunicación que continuamente están tematizando sobre tal posibilidad, así como sobre la irresponsabilidad gubernamental del régimen Ortega-Murillo, mismo que ha manejado con secretismo y falta de acciones claras e incluso contradictorias a las medidas recomendadas por la OMS la atención de la pandemia. Lo anterior, ha posibilitado la construcción social de dos fronterizaciones: la fronterización discursiva-simbólica y la fronterización securitaria.
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Guillermo Acuña González

Escritor, sociólogo y académico en el Instituto de Estudios Sociales en Población de la Universidad Nacional  

Jenyel Contreras Guzmán

Socióloga, investigadora y evaluadora de programas y proyectos en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Costa Rica). Docente en la Escuela de Sociología Universidad de Costa Rica (UCR).

👉 Te invitamos a ver nuestro programa #ConversacionesLatinoamericanas en nuestro canal de Youtube. Conversamos con Jenyel Contreras sobre los migrantes nicaragüenses en Costa Rica. 📺

En el marco de la actual pandemia global, las percepciones sociales han sido orientadas de acuerdo con acontecimientos, hechos o intereses que van denotando su construcción colectiva. Así, ha quedado clara la constatación de que el coronavirus se transmite de persona a persona, que para su prevención es necesaria la distancia física y un correcto comportamiento higiénico resumido en el continuo lavado de manos y el protocolo para estornudar y toser, como fórmulas para garantizar que el virus no se propague. 

Desde el momento en que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara esta actual crisis sanitaria como pandemia, se tomaron disposiciones de acatamiento inmediato y obligatorio que incluían el cese de operaciones comerciales aéreas, el cierre de aeropuertos y el cierre de fronteras terrestres, como medidas para “atacar” al virus y cortarle toda posibilidad de transmisión a través de las movilidades humanas internacionales. En Costa Rica, tal disposición inició el día 19 de marzo con el cierre total de fronteras, cerrándole el paso a toda persona extranjera que pretendiera ingresar al país y rechazando a toda aquella que, habiendo salido de Costa Rica, intentara su reingreso. Cabe señalar igualmente, que tal disposición implicó una medida adicional, la de la pérdida de su condición migratoria, a toda aquella persona extranjera (residente, refugiada o solicitante de dicha condición) que saliera del país durante la disposición de cierre de fronteras.

Desde ese día y hasta la fecha la presencia institucional en materia de seguridad en la frontera terrestre entre Costa Rica y Nicaragua ha sido intensa y frecuente –accionar que no se ha repetido en el caso de la frontera con Panamá-. Durante la pasada Semana Santa, los controles aumentaron y la sensación de protección y resguardo fue construida, no solo contra el virus, sino contra las personas extranjeras transfronterizas, en particular aquellas de nacionalidad nicaragüense. Un cierre de fronteras que opera no solo como una medida ante el eventual contagio, sino como una materialización del enfoque securitario, cuyo logro principal ha sido el reforzamiento de las fronteras ante las amenazas –humanas- externas.

En Costa Rica ha sido constante y permanente la construcción de “narrativas amenazantes” respecto a la migración de población nicaragüense, obviando su realidad histórica-estructural, su vínculo binacional con profundas raíces familiares y sociales, y su contribución a la sociedad y economía costarricense, en donde esta última alcanza el 12% del producto interno bruto (PIB) de acuerdo con un estudio conjunto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) del año 2018.

En los últimos días, las opiniones públicas en el país se muestran un tanto nerviosas por una posible “avalancha” de personas provenientes de Nicaragua. El nerviosismo se deja ver en los medios de comunicación que continuamente están tematizando sobre tal posibilidad, así como sobre la irresponsabilidad gubernamental del régimen Ortega-Murillo, mismo que ha manejado con secretismo y falta de acciones claras e incluso contradictorias a las medidas recomendadas por la OMS la atención de la pandemia. Lo anterior, ha posibilitado la construcción social de dos fronterizaciones: la fronterización discursiva-simbólica y la fronterización securitaria.

Fuente: CEJIL

La primera (fronterización discursiva) se produce a partir de narrativas sobre los riesgos derivados de la pandemia. En muchos casos, son elaboradas desde una agenda mediática orientada a crear imágenes sobre una hipotética, pero problemática relación entre migración y pandemia [1]. Es así como nuevamente, el sujeto migrante ha sido configurado como “el nuevo enemigo global”, en la medida en que su presencia en el panorama internacional habilita a los Estados a implementar una serie de dispositivos de sanción y control que desconocen las causas y factores estructurales (políticos, económicos, sociales y ambientales) que los expulsan de sus comunidades de origen; así como procesos reactivos de “contención de la amenaza”: cierre fronterizo, discursos xenófobos,  nacionalismo excluyente y externalización de fronteras. 

Algunos ejemplos para el caso costarricense ilustran tal dimensión. Durante los días 1 y 2 de mayo de 2020, algunas intervenciones periodísticas en el marco de la habitual conferencia de prensa que brindan las autoridades costarricenses para dar seguimiento a la situación y condición del covid-19, dejaron entrever esas “preocupaciones” en el campo de la relación entre personas extranjeras y posibilidad de contagio. 

El 1 de mayo, por ejemplo, el corresponsal del medio regional Noticias Fortuna señalaba: 

(…) ante la cercanía y la posición geográfica de La Fortuna de San Carlos con Nicaragua y sabiendo que contamos con el hospital de Los Chiles y el hospital de Ciudad Quesada, en primera instancia y con áreas de salud con muy un poco personal y espacio infraestructura ¿Qué medidas se tomarán en caso de retornos masivos de nicaragüenses por esta zona? .  


 Casa Presidencial Transcripción Conferencia de Prensa. Actualización de datos de covid-19 en Costa Rica. Viernes 1 de mayo 2020.

Ante la respuesta brindada por la autoridad sobre el accionar institucional en la zona norte, el periodista repregunta si hay condiciones para atender a 15.000 personas trabajadoras nicaragüenses que se espera regresen a retomar sus empleos, en particular en el sector agrícola. El recurso a la cantidad de posibles ingresos es con frecuencia utilizado por los medios de comunicación y distintos actores políticos, para dimensionar volúmenes que puedan salirse de control y llegar a convertirse en crisis migratorias.

La construcción de las crisis migratorias, por cierto, parten de estas construcciones mediáticas. Término que ha sido incorporado ampliamente en la literatura especializada sobre migración y refugio para referirse a la gran cantidad de personas que se desplazan desde distintos lugares del orbe en coyunturas específicas, constituyéndose en narrativas que tienden a culpabilizar y responsabilizar, individualmente, a las personas migrantes, refugiadas y solicitantes de dicha condición, de las necesidades generadas a partir de sus desplazamientos y de las cargas que estos representan para los países de tránsito y destino en su búsqueda de oportunidades y resguardo en lugares diferentes a los de su lugar de nacimiento, obviando a su vez, las problemáticas sociales y estructurales irresueltas, que les continúan expulsando.

Por su parte, el día 2 de mayo, los corresponsales de los medios regionales San Carlos Digital y Noticias Alan Jara, formularon la siguiente consulta: 

¿Podría confirmar si los dos casos nuevos en San Carlos están asociados al clúster existente y si pueden aclarar sobre un supuesto caso en el Hospital San Carlos de un nicaragüense que habría entrado ilegal (sic) al país?. ¿Se trata uno de ellos de un extranjero?¿Pueden indicar si ingresó por la frontera norte?¿Cuál es su estado de salud?.


 Casa Presidencial Transcripción Conferencia de Prensa. Actualización de datos de covid-19 en Costa Rica. Sábado 2 de mayo 2020.

Ante esta consulta deben señalarse dos aspectos puntuales. Durante la crisis sanitaria, las autoridades costarricenses han insistido en resguardar la nacionalidad de las personas extranjeras identificadas como positivas en el diagnóstico. Sin embargo, es frecuente la relación que los medios de comunicación hacen entre contagio-nacionalidad –aspecto que no pareció ser tan relevante cuando los primeros casos de contagio en el país correspondieron a dos personas de origen estadounidense-. Así como una constante caracterización de la frontera norte como un territorio de peligro y amenaza, esto último, aspecto notable en la consulta señalada.  

La otra esfera de producción discursiva la de la fronterización simbólica se encuentra ejemplificada altamente en las redes sociales. El sábado 2 de mayo se publicó en varios medios de comunicación, la identificación de los dos casos primeros casos positivos de personas extranjeras en un centro de detención migratoria.  La identidad de las personas afectadas nunca fue expuesta. 

En los comentarios en redes sociales a la noticia publicada por el periódico La Nación [2] se observa la construcción estereotipada de las percepciones sobre la portabilidad del virus en las movilidades humanas. Una muestra de tales apreciaciones ubica dicha dimensión:

Poniendo en peligro a nuestra gente. Los oficiales también son seres humanos y tienen familias. Agarren ese mugrosos (…) de una vez. Para que exponernos. Que se vaya a la m&@€€;:/ de donde vienen . Ellos vienen buscando el beneficio de la salud como en Costa Rica les atiende como reyes, mientras que en su país valen menos que un perro (…).

De nada nos ha valido dos meses encerrados en casa cumpliendo las órdenes sanitarias si las fronteras siguen abiertas. Debieran ser más estrictas y deportarlos, aunque parezca cruel si no esto será un juego de nunca acabar.

Quien sabe cuántos más se han pasado contagiados, para que tanto esfuerzo de quedarse en casa si siguen pasando como perro por su casa y ahora cuando abran fronteras va a ser peor, culpa de este señor Carlos Alvarado por firmar pactos de fronteras abiertas, porque no puede negarles la entrada poniendo en riesgo a nosotros los costarricenses tanto con el covid -19 (…).


Fuente: Comentarios Facebook 2 de mayo 2020

El escenario de fronterización simbólica no es exclusivo para el caso de Costa Rica, por el contrario, se ha convertido en una narrativa de externalización global de responsabilidades, de estigmatización e identificación de una nueva amenaza en tiempos de pandemia: la migratoria. 

En una reciente declaración, la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, mostró su preocupación sobre el estigma que cargan las personas en contextos de movilidad y comparó el rechazo y la discriminación que experimentan, con lo que sufren las personas que trabajan en el sector sanitario, a nivel global [3].  

Ejemplo de ello lo constituye la consigna America first que ha permitido a la administración Trump expulsar a casi 10.000 personas migrantes en menos de un mes, y firmar un decreto para sancionar a los países que no “recojan” a sus deportados, en una nueva cruzada de odio antimigrante y racial. Las declaraciones del presidente guatemalteco Alejandro Giammattei quien se apresuraba a suspender la deportación del “vuelo maldito” del 26 de marzo, proveniente de Arizona con personas guatemaltecas contagiadas de covid-19. Así como las declaraciones del senador chileno Iván Moreira, quien en el contexto de la discusión del proyecto de ley de migración indicó que “los migrantes son pandemia”.

Convirtiéndose esto último, en un nuevo estigma para las personas deportadas, ante los temores del “desborde de los débiles sistemas sanitarios”, y colocando a la actual crisis sanitaria en un escenario en donde la migración una vez más corre el riesgo de ser utilizada como mecanismo político para canalizar temores. 

En condiciones de excepcionalidad, las crisis suelen estar colocadas sobre las personas, pero nunca sobre los procesos estructurales que las producen. Ocurrió así con las denominadas crisis migratorias de 2015 y 2018 tanto en Europa como en la región Latinoamericana. Para controlarlas, la respuesta de los estados ha privilegiado la seguridad como política y el uso de la fuerza.  Es en este contexto y en el marco de la relación entre movilidad y pandemia, que se produce la segunda forma de fronterización: la fronterización securitaria.

En el caso de Costa Rica, por ejemplo, la relación entre pandemia y crisis migratoria que determina la puesta en escena de una parafernalia securitaria fue colocada en territorio fronterizo con Nicaragua.  Esta instalación no es nueva como dispositivo de Estado, porque en pasadas coyunturas (como la de Isla Calero, por ejemplo) se conformaron respuestas desde los ámbitos del control y la seguridad para defender la soberanía del país.

Fuente: ElMundoCr

Desde el cierre de fronteras ordenado por las autoridades costarricenses, se consolidó el operativo “Frontera Segura”, diseñado para proteger la sociedad nacional de posibles entradas irregulares provenientes principalmente de Nicaragua. En una intervención ante distintos medios de comunicación, el Ministro de Seguridad de Costa Rica, Michael Soto, indicó que por primera vez en la historia del país todos los cuerpos policiales se habían unido en un objetivo en común: la protección fronteriza frente al covid-19.  

El despliegue en zonas de frontera ha sido mayúsculo, intenso y orientado a detener posibles pasos irregulares hacia Costa Rica.  Probablemente el éxito de este operativo se mida en que, luego de más de un mes de funcionamiento, solo una persona nicaragüense que cruzó irregularmente la frontera para trabajar en labores agrícolas dio positivo con covid-19. Luego de ese primer caso, se han identificado más casos de personas provenientes de Nicaragua y en las fronteras terrestres costarricenses se ha declarado la alerta respecto a la situación de las personas transportistas internacionales, que deben mostrar su buen estado de salud para poder ingresar a territorio nacional.  

Lo que no ha sido mayúsculo es la atención mediática de la continua y creciente vulnerabilzación laboral y social de las personas migrantes trabajadoras, y de quienes buscan acogerse a la condición de refugio. Los despidos y la violencia experimentadas por estas poblaciones son poco expuestas en al abordaje de los medios de comunicación comerciales, que siguen interesados en proponer la relación entre pandemia, crisis y migración como una amenaza latente para la población costarricense.

Las acciones en este sentido parten desde el miedo y la suposición: se ha insistido tanto en que los cuerpos son los principales vectores del virus, en una sociedad acostumbrada a poner en los otros sus temores, que esa insistencia se ha reducido y traducido en poner en las corporalidades de los otros sus rasgos amenazantes. De forma que el miedo se ha instalado como primera línea en la gestión de las movilidades internacionales en Costa Rica.

👉 Te invitamos a ver nuestro programa #ConversacionesLatinoamericanas en nuestro canal de Youtube. Conversamos con Jenyel Contreras sobre los migrantes nicaragüenses en Costa Rica. 📺

Notas

[1].  Ximena Poo (2020). Migración y Pandemia. Cuando los medios son un peligro. Disponible en https://www.eldesconcierto.cl/.

[2]. Dos extranjeros detenidos en centro migratorio dieron positivo por codi-19, La Nación, 2 de mayo de 2020.

[3]. Bachelet alerta de la vulnerabilidad de los migrantes en Latinoamérica ante la pandemia. EFE. Washington, 29 de abril de 2020.


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